#5 / Mayo-Junio 2014

Zhang Longxi

El pensamiento analógico en la Antigua China

Cuando Sima Qian (145?-190 a. e. c.), el gran historiador de la dinastía Han en la antigua China, justificó sus obras de tema histórico como enseñanza y ejemplo de las grandes virtudes mediante la narración de hechos históricos, citó un dicho de Confucio: «Cuanto yo pudiera expresar a través del lenguaje no dejaría una huella ni tan clara ni tan profunda como las cosas y los hechos concretos».1 La narración histórica se halla, pues, íntimamente relacionada con las enseñanzas morales y el saber político, y sirve como manual de buena conducta o, según reza claramente el título de otra famosa obra, como Espejo de gobernantes, que es como se conoce la mastodóntica obra historiográfica terminada en 1084 bajo la dirección y supervisión de Sima Guang (1019-1086). Siglos más tarde, durante la dinastía Qing, el erudito Zhang Xuecheng (1738-1801), que alcanzó fama al proponer que los seis clásicos confucianos permitían ser leídos en clave histórica, señaló también que «los antiguos nunca hablaban de los principios como entidad separada de las cosas y los hechos».2

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