#21 / Enero-Febrero 2017

José María Faraldo

1956: Una cesura en la historia europea

El último defensor de Europa

Revolución de Hungría (1956). Busto de Stalin derrocado en las calles de Budapest 24 de octubre de 1956

En memoria de Christian Domnitz (1975-2015),
un auténtico europeo

El hombre subido al pódium tiene el aspecto de un profesor de universidad o de un secundario de cine de barrio, pero es, en realidad, un duro dirigente comunista. Władysław Gomułka había pasado parte de su vida en la cárcel (allí estaba cuando nazis y soviéticos invadieron Polonia en septiembre del 1939). También había formado parte de la resistencia contra la ocupación alemana. Condenado como nacional-comunista durante el estalinismo más feroz, había sido encarcelado, pero no asesinado, como les había sucedido a otros comunistas purgados en Hungría o Checoslovaquia. Ahora, en octubre de 1956, está encaramado al balcón de los discursos del Palacio de la Ciencia, el gigantesco rascacielos estalinista de Varsovia, y se dirige a una sorprendente masa de gente que llena por completo el espacio vago e irregular de la que –se decía– era la plaza más grande de Europa. Allí –se aprecia muy bien en la Kronika Filmowa, el No-Do polaco– han acudido gentes de toda la ciudad, algunos organizados, con pancartas y banderas, pero muchos, que aparentan ser muy jóvenes, entran de forma caótica en la plaza, con un entusiasmo

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