#10 / Marzo-Abril 2015

Eva Illouz

¿Es imposible ser un intelectual judío?

Protesta contra el racismo y la discriminación económica en la conferencia electoral del partido Habayit Hayehudí en la Universidad de Tel Aviv, 12 de enero de 2015 © ActiveStills Photo Collective, www.activestills.org

El colectivo ActiveStills lo forman fotógrafos israelíes e internacionales y su objetivo es luchar contra cualquier forma de opresión, racismo y violación del derecho fundamental a la libertad.

En un famoso intercambio entre Gershom Scholem y Hannah Arendt, el erudito del misticismo judío acusaba a la teórica política de no contar con el suficiente ahavat Israel (amor por la nación y el pueblo judíos). ¿Qué había hecho Arendt para merecer tan horrendo insulto? Pues escribir una serie de artículos para la revista literaria norteamericana The New Yorker sobre el juicio Eichmann, recogida en 1963 como un libro breve titulado Eichmann in Jerusalem (Eichmann en Jerusalén). En ese libro, que resultó ser uno de los más famosos informes sobre un juicio, Arendt acusaba a los judíos que habían ayudado a los nazis, los Judenräte, y afirmaba que se habrían producido menos muertes si los líderes judíos no hubieran sido cómplices de las exigencias de los nazis. También acusaba al Estado de Israel por convertir ese juicio en un show y hacerle perder la nueva categoría legal que suponía el crimen de Eichmann. Sin embargo, parecía sobre todo que la autora exculpara la «maldad radical» de Eichmann con demasiada facilidad, al considerar sus acciones como el resultado un tanto benigno de una incapacidad de pensar por sí mismo y al comprender la naturaleza de sus palabras y acciones.

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