#2 / Noviembre-Diciembre 2013

Paolo Flores D'Arcais

Esplendor y miseria de los intelectuales

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El intelectual público existe, esto es un hecho. El intelectual público ya no es lo que era, esto, por lo visto, es otro hecho. Examinémoslos.

De que el intelectual público existe todavía no cabe duda. Los escritores, filósofos y cineastas cuyos posicionamientos «hacen ruido», crean debate, influyen sobre la opinión pública, obligan, acaso, a partidos y gobiernos a modificar la famosa «agenda», y, en determinados casos, incluso insuflan vida a los movimientos de masas (Nanni Moretti y los girotondi), no han desaparecido ni mucho menos. Las recurrentes «necrológicas» sobre la muerte del intelectual –género literario típicamente intelectual– no hacen más que demostrar el apego narcisista de algunos intelectuales a un wishful thinking personal, su idiosincrasia de outsiders frustrados o su voluntad de escalar posiciones. Más frecuentemente, la coartada del intelectual «aposentado» para racionalizar su propia pulsión a la indiferencia como elección obligatoria consiste en hacer del vicio necesidad.

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