#34 / Marzo - Abril

Catalunya - España: ¿Qué nos ha pasado?

Estábamos avisados

Javier Pérez Royo

Los padres de la Constitución del 78. De izquierda a derecha, arriba: Gabriel Cisneros, José Pedro Pérez-Llorca, Miguel Herero de Miñón. Abajo: Miquel Roca, Manuel Fraga, Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé Tura. © Jordi Socias/Contacto

Nadie puede llamarse a engaño porque estábamos avisados. Desde el primer día en que se inició el debate constituyente, el 5 de mayo de 1978 en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, los representantes de los diferentes grupos parlamentarios coincidieron en que el éxito o el fracaso de la Constitución dependería de la capacidad que tuviera para resolver el problema de la integración de las «nacionalidades y regiones» en el Estado. No es que lo demás no fuera importante, pero esto era lo decisivo. O por decirlo de otra manera: se daba por supuesto que la definición de España como un Estado «social y democrático de derecho» se impondría con dificultades pero con seguridad. No se daba por supuesto, por el contrario, que ocurriría lo mismo con la transición del Estado unitario a un Estado políticamente descentralizado, que ni siquiera se definía en la propia Constitución. Se lo posibilitaba, pero no se definía.

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