#49 / Noviembre-Diciembre 2021

Relato

Estuve allí, por un momento

Toni Ramoneda

El 12 de abril de 1961, el mismo día en que Yuri Gagarin completó por primera vez una órbita a la Tierra, un artista neoyorquino se dedicó a fotografiar palabras para un trabajo que daría lugar a una de las grandes exposiciones del siglo XX: The walking words. El fotógrafo artista había contratado como aprendiz a un joven estudiante catalán a quien atribuyó una tarea de aquellas que sólo se aceptan cuando uno tiene veinte años y muchos sueños por cumplir. Se trataba de ir pegando a los transeúntes, en pleno centro de la ciudad automática que había retratado Julio Camba en un maravilloso libro que el joven catalán había encontrado en la biblioteca de un tío anarquista muerto en la cárcel dos años antes, unas gruesas letras de cartón plastificado con la intención de que, gracias a la circulación constante de los habitantes de la ciudad, el asfalto de las avenidas más famosas del planeta se convirtiera en un tapiz, una cinta automática tal vez, de palabras andantes. Este era el concepto: las palabras van y vienen.

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