#37 / Septiembre - Octubre

José Enrique Ruiz-Domènec

Europa ante la revancha de la historia

Beso fraternal (Mi Dios, ayúdame a sobrevivir a este amor). Pintura mural del artista ruso Dmitri Vrubel, en el East Side Gallery, en el muro de Berlín (1990), alusiva a la fotografía que tomó Regis Bossu, en 1979, a los dos líderes comunistas de la Guerra Fría, Leonid Brézhnev (URSS) y Erich Honecker (RDA). © Petr Svarc/Alamy Foto de stock

 

Vistos en retrospectiva, los treinta años comprendidos entre el otoño de 1989 y la primavera de 2019 son el periodo más revelador de lo que quiere ser Europa una vez ha logrado superar la crisis de conciencia de las décadas centrales del siglo XX. El objetivo Unión aparecía escrito con mayúscula en cada informe realizado; aun así, los anónimos responsables de la gobernanza en las instituciones de Bruselas se alejaron distraídamente de las nociones de personaje y trama que dominaron la política y la diplomacia, al menos desde el siglo XV, si nos atenemos al testimonio de Philippe de Commynes. El despido de la historia de sus intereses políticos desatendió sin embargo que la nueva era se iniciaba con un acontecimiento clave, la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, con unos personajes, Gorbachov, Kohl, Mitterrand, González, Thatcher, que apostaron por el efecto del azar, esa categoría del presente que el historiador alemán Reinhart Koselleck juzgó como «perífrasis de lo desconcertante, lo nuevo, lo imprevisto y todo lo que de esta especie se experimenta en la historia». Y si los gestores de la Unión Europea se mantuvieron lejos de la historia no fue porque no se les advirtiera desde los periódicos de que los acontecimientos y los personajes eran claves sino por estar sometidos a la tiranía del short-termism. De nada sirvió que dos años más tarde tuvieran otra oportunidad con el hundimiento de la URSS. Hasta tal punto la historia estaba presente que Eric Hobsbawm calificó de «corto siglo XX» el periodo comprendido entre 1914 y 1991. Ni aun así reaccionaron. Estaba claro que los gestores de la Unión Europea no tenían en cuenta las palabras del primer ministro Pierre Mendès France, gouverner, c’est prévoir.

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