#54 / Septiembre-Octubre 2022

Relato

Flores de invierno

«La única forma sensata de ganar esa partida era no jugarla.»

Matías Néspolo

© Esperança Rabat

A media mañana Ángela ya estaba con el Martini Bianco y el viejo con el vermú de garrafa. Usaban aquellos vasos largos que se habían robado del hotel de Cuba, cuando el papá ganó el viaje al vendedor del año con la aseguradora danesa donde acabaría su delirante vida laboral. Eran unos cacharros infames de casi cuarenta centímetros de alto con una ampolla abombada en la base, una cintura larguísima y una boca que se abría como un lirio enfermo. Cargaban como tres cuartos de litro por lo menos, pero la mamá siempre porfiaba que era todo hielo picado, y el viejo le daba la razón mientras le preparaba el trago:

–¿Lo querés con una rodaja de naranja, mi vida?

–Obvio, Piero, ¡eso no se pregunta!

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