#33 / Enero - Febrero

Emanuela Fornari

Genealogía y crisis del valor

Partimos de una premisa evidente en sí misma del lenguaje corriente. «Valor» es un término polisémico en dos sentidos. Su polisemia es manifiesta en virtud de los distintos significados que asume el concepto de valor en los dos ámbitos en los que reina de forma incontestable: el ámbito de la economía y el ámbito de la moral. Se trata de dos ámbitos diferenciados, pero interconectados: Adam Smith, el fundador de la economía política moderna –la nueva ciencia basada en la fusión de dos dimensiones que la cultura clásica había mantenido totalmente separadas (la oikos y la polis, el espacio de la producción-reproducción de bienes de subsistencia y el de la praxis entendida como actividad de gobierno de la ciudad), para plantear como finalidad y fuente de legitimación de un Estado no ya la «vida buena» sino el bienestar y la wealth of nations– aglutinaba las dos enseñanzas de la política económica y de la filosofía moral. Pero, en segundo lugar, la polisemia está presente también dentro del propio ámbito económico: donde el concepto de valor asume distintos significados en la macroeconomía (o política económica), en la microeconomía (o economía empresarial) y en las finanzas.

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