#43 / Noviembre-Diciembre 2020

Emmanuel Alloa

Hacia un nuevo museo imaginario

Las políticas culturales en tiempos de pandemia

Imagen de la visita a través de una interfaz 3D explorable de la exposición Le supermarché des images del Jeu de Paume, en París, comisariada por Peter Szendy con Emmanuel Alloa y Marta Ponsa como comisarios asociados. La exposición debía estar abierta al público entre el 11 de febrero y el 16 de marzo de 2020, pero se cerró a causa de la covid y se creó un programa para poder suplir la visita física por un recorrido virtual.

Cuando no puedas ir al museo, el museo vendrá a ti. Como una certeza, la idea se hizo más que obvia durante el confinamiento, pero fue mucho más allá, hasta el punto de que, sin inventarlo, la crisis sanitaria ha acelerado efectivamente el paso a la tecnología digital de muchas instituciones culturales y, en primer lugar, de los museos. A falta de poder acoger a las riadas de visitantes habituales, El Prado, el Thyssen-Bornemisza o el Reina Sofía, así como el Louvre de París, el Museo Británico de Londres o el MoMA de Nueva York, han abierto ventanas virtuales que permiten recorrer sus colecciones. Otros museos de todo el mundo han seguido el ejemplo y han creado una plataforma efímera global con una red singularmente estrecha, que a menudo incluye museos regionales o incluso locales. Desde la pinacoteca más establecida hasta la colección amateur, y desde el gabinete local hasta el museo al otro extremo del planeta: todos están ahora al alcance de un solo clic, en una especie de embriagadora conquista de la ubicuidad cuyos auspicios Paul Valéry ya registraba. Para empeorar las cosas, en Wuhan, el presunto hogar de la covid-19, el Museo Regional de Hubei aprovechó un foco de atención inesperado para presentar sus colecciones compuestas por unos 200.000 artefactos de arte antiguo chino a los confinados domésticos que, hasta ahora dirigidos por su motor de búsqueda, probablemente no pedían tanto. En otros lugares, gracias al confinamiento, algunas instituciones volvieron a abrir pasarelas virtuales a depósitos que de otra manera serían inaccesibles, como lo que queda de los tesoros del Museo Nacional de Río de Janeiro, que fue devastado por un incendio hace dos años.

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