#44 / Enero-Febrero 2021

© Esperança Rabat

La amnistía y el indulto son manifestaciones del ejercicio de la clemencia pero tienen diferente naturaleza y contenido. La amnistía se justifica por razones de oportunidad política, el indulto particular, por el contrario, es el cauce adecuado para individualizar el ejercicio de la gracia, por razones de justicia y equidad. Se aplica a una persona condenada, de modo que se retribuya al delincuente no más de lo necesario, evitando que la penalidad que se le impone repercuta más allá de su propia esfera. La amnistía, según la opinión generalizada de la doctrina, avalada, según mi criterio, por el Tribunal Constitucional, requiere el soporte de una ley emanada de las Cortes Generales, mientras que el indulto particular se canaliza a través de un expediente, tramitado por el Ministerio de Justicia, tradicionalmente conocido como Ministerio de Gracia y Justicia, que se formaliza en un Real Decreto aprobado por el Consejo de Ministros y ratificado por el Rey.

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