#21 / Enero-Febrero 2017

La socialdemocracia en tiempos de cólera

La crisis de la socialdemocracia y el momento populista

Fernando Vallespín

© Alexis Bukowski, www.alexisbukowskiworks.tumblr.com

Con la crisis de la socialdemocracia ocurre un poco como con el cambio climático: una gran mayoría no tiene ningún problema en reconocerla, mientras que otros siguen empeñados en negarla. Entre estos últimos están quienes arguyen que es muy posible que dicha crisis exista si comparamos sus resultados electorales en la Europa de hace tan sólo quince años a los que ahora consigue; pero, en todo caso, ahí está, gobernando en coalición en diecisiete países y presidiendo muchos de ellos. El hielo del Ártico puede estar disminuyendo, pero estamos lejos de su desaparición. O puede que muchos de los grandes tradicionales partidos conservadores estén todavía en una peor situación al tener que competir con los nuevos populismos de derecha. El problema no sería así tanto la crisis de la socialdemocracia como la crisis de los grandes partidos de masas. Esta última observación, que no deja de ser un consuelo vano, tiene todo el sentido, porque apunta a una poderosa razón explicativa del debilitamiento de su apoyo electoral: el fraccionamiento del sistema de partidos en casi todos los países europeos, incluso en los de sistema mayoritario. El achique de espacios de la socialdemocracia se extiende, por definición, a todos los demás; del mismo modo que todos ellos se ven afectados por el virus de la desconfianza ciudadana ante todas las instituciones representativas. Por eso, quizá la reflexión previa deba ser si no estamos ante algo más «sistémico» y profundo que la pérdida de pegada de una de las ideologías hegemónicas desde el período de posguerra. Me refiero a la «crisis de la representación».

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