#16 / Marzo-Abril 2016

Lluís Bassets

La glaciación islámica

El invierno democrático árabe, que siguió a la primavera democrática, está desembocando en un caos geopolítico que repercute en Europa

«Nunca creeríais cómo es esto, en qué condiciones está la gente aquí. Los habitantes de Grande-Synthe viven rodeados de barro y charcos. Duermen en tiendas extremadamente finas en medio de la suciedad. Hay muchas personas que, a título individual o como voluntarios de ONG, quieren ayudar a los migrantes. Vienen a Grande-Synthe a echar una mano, especialmente los fines de semana. Traen consigo todo tipo de donaciones (tiendas, comidas, ropa, etc.), pero son cosas que no dan respuesta a las necesidades que tienen los habitantes del campamento. El resultado es que sobre el lodo descansan ropa y alimentos. Los restos de comida atraen a las ratas. En este sentido y siguiendo nuestras recomendaciones, las autoridades realizan dos operaciones de exterminio de roedores a la semana. Para ello ponen veneno fuera del alcance de los niños.» Del proyecto Dunkerke, the Jungle of Hell © Jordi Oliver

Cinco años después de las revueltas democráticas de 2011 que derribaron cuatro dictadores –Túnez, Egipto, Libia y Yemen– y sembraron el desconcierto y la inseguridad entre los autócratas, el mundo árabe está evolucionando hacia un mapa geopolítico caótico e irreconocible en el que se disputan la hegemonía varias potencias regionales en busca de un nuevo equilibrio, proliferan los estados fallidos y cuarteados en guerras sectarias, e intervienen militarmente las viejas potencias coloniales –Francia y Reino Unido– y las antiguas potencias de la guerra fría, una de forma reticente –los Estados Unidos de Barack Obama– y la otra de forma agresiva, en busca de la recuperación de su perdida influencia –la Federación Rusa de Vladimir Putin–.

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