#42 / Septiembre-Octubre 2020

Santiago Zabala

La innovación disruptiva como signo de indiferencia

Tokyo, de la serie Diorama Map, del fotógrafo japonés Sohei Nishino, octubre de 2013-marzo de 2014, Light Jet Print/2420 × 1810 mm. Este proyecto se puede ver en una instalación en el mercado de Getxo, en el marco del Festival Getxophoto, que celebra su decimocuarta edición entre el 3 y el 27 de septiembre, bajo el tema «¡A la calle!». Jon Uriarte, el director artístico de este año, se propone explorar el espacio público (físico y digital). Sohei Nishino camina por las calles de ciudades de todo el mundo fotografiando paisajes fragmentados.Después las imprime y las combina a mano, una a una, creando un inmenso mapa que se va construyendo a partir de su memoria y los lugares que ha documentado. Durante el ensamblaje, la experiencia y la memoria completan y unifican el significado de sus imágenes fragmentadas en un solo elemento que representa la visión del artista sobre la ciudad.

 

Esta pandemia está más cerca de una disrupción que de una crisis o emergencia. Si bien las tres se refieren a eventos inesperados y peligrosos que requieren de una acción inmediata, no todos implican una ruptura. Las crisis y las emergencias se han convertido en enfermedades crónicas en las finanzas y la política. Es por eso que nos preparamos frente a ellas mediante planes de contingencia financiera, simulacros de seguridad y diseminación de la información para el público. Estos planes, según algunos politólogos, también pueden socializar a las personas con mejores hábitos y actitudes democráticas. Las disrupciones, por el contrario, están destinadas a destrozar nuestra existencia. Por tomar un ejemplo contemporáneo notable, pensemos en las industrias que Uber y Amazon han «interrumpido» al ofrecer servicios y productos más baratos.

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