#37 / Septiembre - Octubre

Feminismo en la encrucijada

La responsabilidad como privilegio

Carolina del Olmo

© Flavita Banana, www.flavitabanana.com

 

Un feminismo perdedor

Un año después de que naciera nuestro primer hijo, su padre consiguió una plaza de profesor ayudante en la universidad. Yo no sólo me alegré mucho por él, sino también por mí y por el bebé: estaba convencida de que en la universidad trabajaría menos y con mejor horario. Había sido una temporada bastante dura, en la que había pasado demasiadas horas cuidando en soledad de nuestro hijo, mientras él trabajaba intensamente en el sector privado, echando bastantes más de las cuarenta horas que supuestamente le correspondían, como tantos otros trabajadores. Sin embargo, cuando hicieron el reparto de horas lectivas, descubrimos que le tocaban algunas clases que terminaban a las 20.00 e incluso algunas hasta las 21.30. No me lo podía creer. «Pero ¿de verdad les has dicho que tienes un bebé?», le decía. En su departamento los horarios se elegían por estricta jerarquía, y él era, claro, el último mono. Por lo que he podido ver, esta manera de funcionar no es ni mucho menos una anomalía en la universidad.

Para leer este artículo completo COMPRA ESTE NÚMERO o SUSCRÍBETE A LA REVISTA