#9 / Enero-Febrero 2015

Antonio Ariño y Joan Romero

La secesión de los ricos

1. Las élites se van

Un fantasma recorre el mundo; y no es el comunismo ni tampoco la rebelión de las masas. Se trata, más bien, de la secesión de las élites y, dentro de ellas, muy especialmente, de la de los ricos. Tras el derrumbamiento de la URSS y la caída del muro de Berlín, asistimos a una revancha histórica. Nadie ha podido identificar su naturaleza con más cruda ironía y verosimilitud que Warren Buffett: «Efectivamente hay una guerra de clases y los míos la están ganando por goleada».  Angela Merkel, en unas declaraciones en 2013, señalaba dos de las manifestaciones de esta secesión: la fuga de gran parte de los capitales fuera de los países de residencia de las élites económicas y su falta de compromiso con los avatares de sus sociedades:  «Tengo la sensación de que los ciudadanos de muchos países saben perfectamente cuáles fueron los errores cometidos en sus países en el pasado. Lamento que a menudo sean precisamente los que no tuvieron nada que ver con esos errores, los jóvenes y los más desfavorecidos, quienes hoy más padecen las consecuencias. Con frecuencia, las personas con capital ya hace tiempo que han salido del país o cuentan con otras posibilidades para protegerse. Los ricos en los países más afectados por la crisis podrían ser muy útiles si se comprometieran más. Es muy lamentable que parte de las élites económicas asuman tan poca responsabilidad por la deplorable situación actual» (El País, 2 de julio de 2013).

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