#14 / Noviembre-Diciembre 2015

Emmanuel Alloa

La tiranía de la transparencia

y el derecho a la opacidad

Visto en retrospectiva, no cabe duda de que las acciones de los «reveladores de secretos» han tenido el efecto de un electrochoque. Frente a las revelaciones del soldado Bradley Chelsea Manning sobre las sórdidas maniobras del ejército estadounidense en Irak, la publicación de Wikileaks del contenido de una década de documentos diplomáticos (el «Cablegate») o la revelación de Edward Snowden de la inconcebible envergadura de las escuchas de la NSA, es evidente que la cultura del secreto, tan cuidadosamente cultivada durante la Guerra Fría, no está ya en la cima de su esplendor. Es necesario reconocer que se está formando un nuevo consenso a gran escala para exigir que se arroje luz sobre las grietas que la opinión pública ya no está dispuesta a ignorar.

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