#41 / Mayo-Junio 2020

Darío Villanueva

La verdad de las distopías

© Arnal Ballester, www.arnalballester.com

 

Desde el último tercio del siglo XX está viva la definición de nuestra época bajo el rubro de la posmodernidad, que algunos filósofos como Rosa María Rodríguez Magda prefieren ya denominar transmodernidad. Se difunde a la vez la noción de posthumanismo, como obligada superación del humanocentrismo que marcó nuestra civilización a partir del Renacimiento y tuvo su fecunda continuidad en la Ilustración, cuya impronta racionalista se está poniendo también en entredicho. De acuerdo con Zygmunt Bauman, nuestra modernidad líquida se nutre de una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido. Este escenario con acusados ribetes apocalípticos parece remitirnos inexorablemente a las profecías sociales negativas planteadas en las más logradas distopías que, en forma de novelas, fueron escritas y publicadas entre los años veinte y el medio siglo pasado. Y en el contexto de esta sociedad post o trans-moderna ha surgido con fuerza un nuevo concepto: la posverdad.

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