#47 / Julio-Agosto 2021

Editorial

La vida buena y sus sombras

Josep Ramoneda

Con más recursos y conocimientos que nunca, pero con el mismo desconcierto de siempre, los humanos nos preguntamos sobre la vida buena. Y nos cuesta encontrar el camino. Nos hemos liberado de relatos imperativos que pretendían definir el espacio de lo aceptable. Y, sin embargo, atrapados en un presente continuo, no conseguimos dar con la clave. Entre otras cosas por la difícil asunción del carácter contingente de nuestra condición. No hay asentamiento definitivo. «Tal vez –como dice César Rendueles–, lo realmente distinto de nuestro tiempo no sea tanto la dificultad para encontrar una respuesta sencilla y compartida a la cuestión de la vida buena como la autoconciencia de esa dificultad.» La pregunta por la vida buena como una forma de encarar el presente. Emilio Santiago Muiño nos señala una prevención epistemológica para que no nos llevemos a engaño. «Por lo polisémicos, ambivalentes, contradictorios, conflictuales y atravesados por nuestras relaciones de poder que son nuestros mundos sociales, cabe concluir que la pregunta por la vida buena nunca se contestará neutralmente.» En el fondo, es lo que nos queda de la idea de progreso que alimentó la modernidad y que nos ha dejado estupefactos, instalados en una especie de presente continuo, cuando el desarrollo tecnológico ha empezado a cuestionar nuestra propia condición. Y las mutaciones de los ecosistemas que nos han acogido plantean nuevos interrogantes sobre nuestro destino.

En este sentido, la reflexión sobre la vida crece en relación con cambios, a veces inesperados, en nuestra agenda de prioridades. Por eso en esta entrega de la revista regresamos a algunos temas que de pronto se han convertido en tan decisivos como recurrentes. Por supuesto, nuestra relación con la naturaleza, de la que formamos parte inseparable a pesar de habernos creído que éramos el rey de la creación y que estábamos por encima de los demás. «Cada especie transmite una vida que comenzó antes que ella en otras formas, al igual que cada hombre transmite no sólo vidas sino formas que existían antes de su nacimiento. Somos la reencarnación de otras especies», escribe Emanuele Coccia. Y Pablo Servigne nos coloca ante el vértigo del gran colapso que nos marca un camino bien estrecho para la construcción del futuro. Las distopías se disparan como si la condición para avanzar fuera recuperar la conciencia de precariedad y alejarse de las ficciones que nos inducían a creer que todo era posible. ¿Una cierta naturalización de la vida como respuesta a la amenaza de destrucción?

Otra cuestión recurrente en la búsqueda de la vida buena es la de género, que aborda Marina Subirats, en pleno debate sobre la cuestión trans. «Respetemos los sexos, deconstruyamos los géneros», nos dice la socióloga: «Dejemos los sexos donde están sin pretender cambiarlos ni registral ni físicamente. Y aceptemos que cada persona viva como quiera, construya su imagen como quiera, se dedique a lo que le apetezca y ame a quien quiera».

La cuestión del mérito es otro debate que sobrevuela una sociedad marcada por la lucha a muerte por la supervivencia de un sujeto reducido a Homo economicus. Lo tratamos recientemente con Michael Sandel. Y volvemos a él, con artículos de Belén Gopegui, Angel Puyol y Ferran Sáez Mateu, que plantea una pregunta clave a Sandel y sus seguidores: «Es rigurosamente cierto que el éxito no depende sólo del esfuerzo y del talento, ni el fracaso deriva tampoco de la desidia o de la estupidez. Ahora bien, ¿es posible renunciar sin más a esta contraposición asociada sin remedio a la meritocracia?».

Y en este tiempo dominado por la sindemia (la convergencia de la epidemia y de las condiciones sociales que multiplican sus efectos) que nos describe la bióloga Denise Naniche y «el cansancio profundo que parece ser su principal efecto secundario», como evoca Emmanuel Alloa, se suele poner el foco en la suerte de las jóvenes generaciones penalizadas en sus expectativas. Al fin y al cabo, como dice Oriol Homs, si los jóvenes no tienen futuro es el conjunto de la sociedad el que no lo tiene.

La galería de Ivan Pintor Iranzo, que ahonda en las distopías, y el relato de Llucia Ramis Laloux, completan la reflexión desde el arte y la literatura. «No sé qué da más miedo, si la sombra o el cuerpo que la proyecta»: esta frase de la escritora podría bien ser el lema de este número de la revista, en que el profesor de ética, Arash Arjomandi, nos ha dado a conocer al maestro espiritual persa ‘Abdu’l-Bahá, impulsor de la Sociedad de las Naciones, en el centenario de su muerte.