#44 / Enero-Febrero 2021

David Alegre Lorenz

Las guerras civiles y la naturaleza del hombre

Una de las fosas comunes descubiertas en Estépar (Burgos) proveniente de agosto-septiembre de 1936, al inicio de la Guerra Civil española. Fuente: Wikimedia Commons

Dedicado in memoriam a Roberto López Torrijos

El historiador sólo es uno más entre los muchos agentes sociales que contribuyen a la conformación de la memoria colectiva (llamada «histórica» en esta pequeña parcela del mundo), y por tanto al conocimiento y desconocimiento del pasado. De hecho, memoria e historia van de la mano, por mucho que sean cosas distintas: ambas son forzosamente parciales, están hechas de silencios y ausencias, sean conscientes o no, y en parte los vacíos que caracterizan a una pueden ser los de la otra. Porque la memoria, a la que en realidad y por lógica habría que referirse en plural, no es más que eso: las formas distintas y a la par relacionadas entre sí en que los miembros y grupos de una comunidad o sociedad concreta se relacionan con aquello que se les ha enseñado a entender como su historia, su pasado en común, aquello que les ha dado forma en tanto que seres sociales, que ha resultado definitorio sobre su identidad y que delimita el horizonte sociocultural en el que se mueven.

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