#8 / Noviembre-diciembre 2014

Souleymane Bachir Diagne

Religión y razón. Nuevas cartas sobre la tolerancia

Los filósofos, los místicos y las religiones

Una dimensión esencial de la fe es la creencia en determinadas realidades suprasensibles que, por definición, lo son porque no las aprehendemos del mismo modo que aprehendemos los objetos y los seres de los que podemos tener una experiencia sensible o las abstracciones matemáticas que podemos llegar a concebir. De este modo, la fe nos hace considerar como verdad a Dios, a sus atributos, a sus ángeles y a otras cosas de naturaleza parecida. Así mismo, nos convence de que, como humanos, tenemos la capacidad de acceder a estas verdades de orden distinto del de los usos habituales de los sentidos o de nuestra razón, de modo que poseemos la facultad de lo suprasensible o lo inteligible puro. La literatura teológica y filosófica a veces lo denomina con términos que, sin embargo, designan objetos sensibles como «corazón» u «ojo», pero tomando cuidado de precisar que se trata de un corazón de otro tipo o de un ojo que es interior o espiritual y que, por lo tanto, ve lo que está más allá de toda experiencia sensible. Y es que tal facultad es llevada a la perfección por parte de seres humanos excepcionales, los profetas, o sea la «profética». Los filósofos musulmanes, como Al Farabi (siglo IX), Avicena (siglo X) y sus sucesores, identificaron dicha facultad con lo que en la filosofía de Aristóteles se llama «entendimiento agente» que es inmortal y eterno en nosotros, como las verdades que tiene por destino captar.

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