#11 / Mayo-Junio 2015

Mark C. Taylor

¿Quién controlará el futuro?

Los límites de la velocidad

«Más elegante. Más rápido. Más intuitivo» (The New Tork Times); «Bienvenidos a un mundo donde la velocidad lo es todo» (Verizon FiOS); «La velocidad es Dios y el tiempo es el demonio» (jefe del departamento de ordenadores portátiles de Hitachi). En el tiempo «real», la vida se acelera hasta que el propio tiempo parece desaparecer: por más rápido que vayas, nunca es suficiente; todo tiene que hacerse ya, de forma instantánea. Tomarse una pausa, posponer, detenerse, disminuir la velocidad equivale a perder una oportunidad y al mismo tiempo dar ventaja a la competencia. La velocidad se ha convertido en la vara de medir el éxito: chips más rápidos, ordenadores más rápidos, sistemas más rápidos, conexiones más rápidas, tratos más rápidos, entregas más rápidas, ciclos de producción más rápidos, cerebros más rápidos, niños más rápidos. ¿Por qué estamos tan obsesionados con la velocidad y por qué somos incapaces de sobreponernos a su hechizo?

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