#43 / Noviembre-Diciembre 2020

Juan José López Burniol

Los otros y yo

Derechos humanos y solidaridad comunitaria

De la serie La intimitat, n.º 5. Tintas pigmentadas sobre papel de algodón, 35,2 × 47 cm.
© César Ordóñez, VEGAP, Tòquio 2010
«Este proyecto plantea una reflexión sobre el espacio privado de cada persona en las grandes ciudades, desde un plano físico, emocional y espiritual; y el respeto mutuo por este “espacio” (que he llamado “la intimidad”), algo que debería ser posible en cualquier sociedad que lo percibiese como un bien común. Seguramente algunas de las primeras imágenes de Tokio que nos vienen a la mente son de multitudes aparentemente caóticas, o de autopistas urbanas que discurren entre rutilantes y altivos rascacielos. Pero hay otra realidad que pasa casi desapercibida a simple vista: donde el silencio, la quietud, el respeto por los demás y por la comunidad, están presentes permanentemente» (César Ordóñez).

Dos lecturas y una pregunta

Hace algún tiempo que doy vueltas a este tema: si la solidaridad comunitaria es o no compatible con una concepción expansiva de los derechos individuales, que atribuya también a algunos de los nuevos derechos la superior condición de derechos humanos. El desencadenante de mi duda ha sido una doble lectura. En primer lugar, la de un artículo –«El virus y el mundo de mañana»– del filósofo surcoreano –que profesa en la Universidad de las Artes, en Berlín– Byung-Chul Han, en el cual afirma que la pandemia ha puesto a prueba el sistema, y que Asia lo ha hecho mejor que Europa, pues mientras que allí se trabaja con datos que proporciona la vigilancia digital, en el Viejo Continente se llega tarde, se prescinde de la vigilancia digital y se la sustituye por el cierre de fronteras, en aras de un retorno a la época de la soberanía clásica: la ejercida en un territorio sobre las personas que en él habitan. Si, como sostenía Schmitt, «soberano es quien decide sobre el estado de excepción, es soberano –escribe Byung-Chul Han– quien cierra fronteras; pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve para nada», y acto seguido se pregunta, en comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia (fundado) «en una mentalidad autoritaria, que […] viene de su tradición cultural?», y su respuesta es clara: «los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital», habida cuenta de que la crítica a la misma «es en Asia prácticamente inexistente» porque «impera el colectivismo (y) no hay un individualismo acentuado». En suma: «el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras». Por lo que quizá debería redefinirse incluso la soberanía, diciendo que «es soberano quien dispone de datos».

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