#9 / Enero-Febrero 2015

Clásicos

María Zambrano

Carmen Revilla Guzmán

© Fundación María Zambrano, 2014

«Mi verdadera condición, es decir, vocaciónha sido la de ser, no la de ser algosino la de pensar, la de ver, la de mirar.»

El realismo político

María Zambrano (Vélez, Málaga, 1904 – Madrid, 1991) es la pensadora contemporánea más reconocida de la filosofía española. Discípula de Ortega y Gasset, lectora apasionada de Nietzsche, nos dice que la raíz de su filosofar se encuentra en la fuente órfico-pitagórica del pensamiento griego y se caracteriza a sí misma como filósofa «del oído», acogiendo ideas y sugerencias que provienen de tradiciones no sólo occidentales, ni sólo filosóficas. Comprometida con la Segunda República española, al final de la guerra civil inicia un largo exilio (de 1939 a 1984) que transcurre en México, La Habana, Puerto Rico, París, Roma, el Jura francés y Suiza, donde mantiene una profunda relación con círculos intelectuales que influirán decisivamente en su trayecto teórico, que es, sin embargo, considerablemente coherente. En el exilio se acentúa su preocupación por elaborar un proyecto de realización del ser humano cuyo núcleo será la propuesta de desarrollo de la «razón poética», es decir, un uso «poiético», creador, de la razón a partir de la atención a todo cuanto ha quedado en la sombra,  sumergido o marginado, porque es ése, para ella, el lugar de la verdad, allí donde anida la «posibilidad», algo capaz de responder al presente de una civilización que se desploma.Ahora bien, la razón poética necesita llevar a cabo una renovación radical del lenguaje de la filosofía, la creación de un espacio simbólico que situará sus escritos en un lugar fronterizo, atractivo y problemático a la vez.

Para leer este artículo completo COMPRA ESTE NÚMERO o SUSCRÍBETE A LA REVISTA