#46 / Mayo-Junio 2021

Editorial

Mirando al próximo futuro

Josep Ramoneda

Chantal Maillard cita a Henri Michaux: «Estos ya no son tiempos de paraísos». Y añade: «Son tiempos para ver claro y decidir». Con este propósito, este número de La Maleta de Portbou se proyecta hacia el próximo futuro, con la voluntad de contribuir a desconfinarlo, a disipar la nube distópica que lo oscurece alimentada por el desconcierto que nos ocupa.

Las restricciones a las que nos han sometido los poderes públicos por razón de la pandemia deberían servir de enseñanza para reemprender el rumbo más allá de donde estábamos cuando llegó el virus. Como dice Olivia Guaraldo: «¿Quién hubiera pensado que nuestras sociedades despolitizadas e individualistas, consumistas y neoliberales, hubieran descubierto, precisamente en la prohibición de las relaciones y la socialidad, el insustituible placer de la compañía de los demás?». Montaigne decía que los humanos nos pintamos a nosotros mismos en la experiencia (la relación con el mundo y con las personas). Sobre ella se gana o se pierde el futuro.

Si Chantal Maillard nos cuenta los riesgos de una cultura de la equivalencia, en la que «todo lo que nos une nos distingue de los otros, todo lo que nos asemeja nos separa, todo mismo hace del otro, “el otro”», Najat El Hachmi describe el juego cruzado sobre personas identificadas irremediablemente como raras por sus características físicas, sexuales o culturales y, al mismo tiempo, sometidas a las exigencias de los que pretenden tener autoridad sobre ellas por razón de su condición de origen. Y apunta la cuestión de fondo: «¿En qué lugar nos deja a las mujeres nacidas en familias musulmanas esta deriva comunitarista que pretende esencializarnos en base a las creencias de nuestros padres y que supedita la igualdad al respeto a la diversidad?». Un sistema de tensiones que no sólo condiciona la libertad individual de las personas sino que, a menudo, genera fracturas y conflictos de exclusión en los propios espacios identitarios en nombre de las correcciones políticas. De la mano de Emmanuel Macron, incluso la Francia republicana, atrapada como todos por las incertidumbres del presente, ha recuperado el separatismo, porque «una vez identificados los separatistas, el cuerpo de la nación ya tiene contra quién defenderse» (Toni Ramoneda).

«Tratar al semejante como a ti mismo» es el principio, dice Chantal Maillard, pero ¿cuál es el cerco en el que me incluyo? ¿Hasta dónde soy capaz de ampliar mis marcos de pertenencia? Pasar de esta moral de la semejanza a «una cultura del respeto, la comprensión, la atención y la cura» es la gran utopía política.

En este marco de reflexión, el dossier central de la revista recorre el papel de las utopías y distopías en la cultura de masas porque, como escribe Antonio Monegal, «para bien o para mal, las ficciones sobre el futuro contribuyen a modelar nuestra visión del mundo y pueden tener un impacto en la vida real». Estamos instalados en un largo presente continuo en que el futuro parece secuestrado por la razón tecnológica y el pasado, por la melancolía. Y es necesario apelar a la creación literaria y artística para entender «la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia», como apunta José Ovejero. ¿Hay que entender, como sugiere Laura Fernández, citando a Carrière, que el siglo XX habrá sido el principio del fin de la realidad, con el despliegue del universo digital? ¿O, al modo de James G. Ballard, a la literatura y al arte, en medio del mundo ficcional en que estamos metidos, les corresponde la tarea de crear realidad? Iván Pintor reivindica el concepto bergsoniano de lo posible como punto de engarce entre pasado y futuro. Y todo ello en un universo comunicacional que, como dice Raúl Rodríguez Ferrándiz, viene cargado de «cascadas de conformismo y polarización».

Decía Joan Margarit que el recuerdo hay que tratarlo con dureza, «porque la tendencia constante es engañarte, enamorarte de ti mismo y entonces llega la melancolía». Con la entereza que transmitió durante toda su vida nos dejó a principios de año. Y en su memoria, he querido recuperar la conversación que tuvimos a principios de 2019, para El Balcó de la Cadena Ser. Personas dignas como Margarit hacen pensar que quizá la utopía de un mundo mejor no sea imposible.