#52 / Mayo-Junio 2022

Editorial

Mirando el día después: la guerra y la ciudad

Josep Ramoneda

¿Por qué nos ha impactado tanto la crisis de Ucrania? De golpe, y por sorpresa culpable, a las generaciones europeas de posguerra nos ha aparecido el demonio de la Tercera Guerra Mundial. Por primera vez la contemplamos como una amenaza real. Y se han disparado el miedo y la angustia, dos estados de ánimo que conectan peligrosamente con la servidumbre voluntaria.

La posguerra alumbró un concepto que no deja de ser una contradicción en los términos: la Guerra Fría, sobre el que se construyó una falsa idea de paz, por intimidación mutua, en un mundo bipolar. La apariencia de frialdad no evitó los puntos enormemente calientes, enmarcados en la crisis del imperialismo colonial. Algunas de estas guerras llegaron a ser míticas, como la de Vietnam, que produjo una enorme crisis en la sociedad norteamericana. Budapest y Praga están en la memoria de las contundentes intervenciones quirúrgicas de la URSS cuando su entorno se movía. Corea, Irak, Afganistán, son hitos destacados en la agenda del imperialismo americano, en una larga lista que llega hasta nuestros días.

Con la caída del Muro de Berlín, se quiso creer que se pasaba de la Guerra Fría a la paz. Pero después de una pésima transición –en que Occidente tiene su innegable parte de responsabilidad– hemos asistido a la reconstrucción del mito de la Rusia imperial, una peculiar idea del hegemonismo y de la dominación, que de la mano de Vladímir Putin ha alcanzado una lógica nihilista que desde Europa no se ha sabido leer. Nihilismo: la ausencia de límites, todo está permitido en aras del objetivo supremo, incluso la total confusión entre el líder y el destino de la patria. Y así nos ha entrado el pánico. La novedad es que esta vez la ocupación militar ha ocurrido en territorio europeo y que se ha hecho a partir de una puesta en escena que recuerda los delirios nihilistas del nazismo, y por tanto que conduce a la pérdida de confianza en una salida racional (el juego de costes-beneficios) del conflicto. De ahí que haya bajado del pedestal de los tabús la hipótesis de una nueva guerra mundial, que no habían despertado otras crueles intervenciones rusas, ante la pasividad occidental, como en el caso de Siria, para recordar la tragedia más reciente.

El dossier «Ucrania: ¿una nueva guerra mundial?», dirigido por el historiador Xosé M. Núñez Seixas, introduce conceptos básicos para entender el impacto de esta crisis: las guerras de la memoria, los refugiados y la población no combatiente, el nuevo contexto geopolítico, y los límites de la confrontación entre Estados Unidos y Rusia.

El conflicto de Ucrania interpela a toda Europa: a los ciudadanos y a los que gobiernan. La especulación con el miedo está en la agenda de muchos poderes. Y como siempre en estos casos suenan las trompetas del trascendentalismo patriótico: sacrificaos por un bien superior, que es el camino directo para pasar de ciudadanos a súbditos. El horror y la atención están ahora mismo en Ucrania, pero no nos confundamos: la sombra de Putin es alargada. ¿Está la Unión Europea en condiciones de afrontar la nueva era? A esta cuestión responde Xavier Prats Monné, gran conocedor de las instituciones europeas por sus años de experiencia como director general de Educación y de Sanidad de la Unión.

Una carta de Marta Rebón a Vasili Grossman completa como relato nuestra aproximación a la crisis ucraniana: «Hay lugares como predestinados a una destrucción cíclica, pareciera que estuvieran malditos».

Y, sin embargo, es una exigencia intelectual y moral que la invasión no nos desvíe por completo la mirada de otros grandes desafíos que tenemos por delante. Uno de ellos es el futuro de las ciudades. Francesc Muñoz ha orquestado el segundo dossier de este número de La Maleta, que nos sitúa ante cuestiones clave como la domesticidad, los urbanismos del Antropoceno, el destino de los cuerpos, es decir, de nosotros en el tecnocosmopolitismo, y la capacidad transformadora del ecofeminismo. En tres palabras: ciudad, casa, naturaleza, es decir, un futuro más libre. Lo que la guerra y los que especulan con el miedo nos quieren negar.