#8 / Noviembre-diciembre 2014

Sudipta Kaviraj

Religión y razón. Nuevas cartas sobre la tolerancia

Religión, diversidad y conflicto

La fe religiosa vincula los ideales éticos fuertemente arraigados con la creencia de que son mandamientos de Dios, o de un poder que está por encima de la razón humana. Ello puede provocar que las personas con fuertes creencias religiosas sean intensamente intolerantes. ¿Cómo es posible aceptar así como así a quienes infringen o desdeñan unos principios que nosotros consideramos el fundamento del orden moral del universo? Así pues, es bastante posible que las personas religiosas sean capaces de mostrarse pías en el marco de su propia religión, pero de sentir odio por las demás. Aunque a menudo la mayoría de las religiones plantean unos principios de conducta moral muy parecidos, e instan a que sus adeptos vivan de acuerdo con los principios de camaradería, bondad y amor, esos imperativos a menudo se ven limitados por la idea más genérica de que su religión es la única religión «verdadera», y que las demás son falsos credos. La combinación de esos dos aspectos en las doctrinas religiosas puede generar una situación de camaradería interna y de hostilidad externa. Sin embargo, la convicción profunda de que los principios de la religión propia son «palabra de Dios» no siempre resuelve todos los problemas. A menudo los principios religiosos se enuncian de una forma sumamente abstracta; y si un precepto en particular es aplicable a un caso específico, y cómo debe entenderse exactamente dicho precepto, es algo que depende de un modo crucial del razonamiento y la interpretación de las personas. En la India, la sociología de la diversidad religiosa se construyó de una forma bastante peculiar debido al carácter específico del hinduismo.

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