#21 / Enero-Febrero 2017

Editorial

Repolitizar la desigualdad

Josep Ramoneda

El escenario político europeo vive momentos de convulsión. Desde los años ochenta, la hegemonía conservadora ha ido modulando unas instituciones que en 2008 entraron en crisis sin que los partidos que han dominado el escenario durante estos años –liberales, conservadores y socialdemócratas– supieran anticipar los acontecimientos. La euforia generada por la caída de los regímenes de tipo soviético, que abrió paso a la globalización del capitalismo, se tradujo en que los gobiernos europeos fueron incapaces de controlar los desmanes de las dos décadas nihilistas en las que pareció que no había límites a la economía, que todo era posible. La crisis terminó con esta peligrosa ilusión y con la fantasía de que en el fondo las sociedades europeas eran una inmensa clase media a resguardo de las incertidumbres del futuro. La clase media se rompió por la mitad, su mundo se vino abajo. La brecha de la desigualdad se ha agrandado brutalmente. La sospecha de que los gobiernos están en inferioridad y dependen de los poderes económicos se ha generalizado. Y el proyecto europeo ha perdido credibilidad, con un repliegue de la ciudadanía hacia las viejas referencias del Estado-nación, único espacio en el que todavía tiene alguna voz.

Después de los años de la indiferencia, vivimos un repunte de politización, que están capitalizando partidos ajenos a la centralidad del sistema. Élites/pueblo, cosmopolitas/nacionalistas: viejas oposiciones retoman protagonismo. Y palabras como populismo, antisistema o posverdad, que sirven para etiquetar y descalificar más que para describir, copan el lenguaje político. Europa vive hoy algunas fracturas fundamentales: la ruptura del equilibrio entre capitalismo y democracia, la brecha generacional, el rechazo a la inmigración, la crisis de representación y la fractura social. En este número abordamos tres cuestiones que son expresión de esta crisis europea: el euro, la socialdemocracia y el populismo.

Las dudas sobre la viabilidad de la Europa del euro y el riesgo de nuevas salidas de la Unión (agrandado por la crisis italiana) es el tema de la conversación entre Joseph Stiglitz y Antoni Castells que abrió el curso de la Escuela Europea de Humanidades. La socialdemocracia entró en los años ochenta en estado de resignación, en expresión de Jorge Sola. La muerte de Fidel Castro certifica, con casi treinta años de retraso, el fin de la era de las revoluciones y, sin embargo, cuando más se necesitaría la socialdemocracia, otrora símbolo del reformismo radical, no está por la labor. Su crisis, como dice Fernando Vallespín, es una manifestación de la crisis de representación política. Su incapacidad para liderar una alternativa ha hecho que parte de su programa se fuera a otro lado: a su derecha y a su izquierda. Lo que nos lleva a la cuestión del populismo, la búsqueda de un nuevo sujeto del cambio y de nuevos relatos transformadores, que es el tema de mi conversación con Íñigo Errejón.

Si una idea me gustaría que quedara de estos debates es la necesidad de repolitizar la desigualdad y de recuperar la fuerza y el sentido de la política como poder de los que no tienen poder, si queremos evitar la deriva imparable hacia el autoritarismo posdemocrático o aristocracia de los expertos, como promueven algunos.

Y una posdata: publicamos también un dossier sobre la crisis de Hungría de 1956. Una cesura en la historia europea que hoy parece olvidada. Es preocupante el desinterés por la historia de los países del Este. Cayó el muro y hemos preferido olvidar el pasado, cuando es imprescindible acercarse con rigor a lo que pasó allí como reconocimiento a los que lo vivieron, pero también para entender por qué la fractura Este/Oeste sigue tan viva en Europa.