#47 / Julio-Agosto 2021

Marina Subirats

Respetemos los sexos, eliminemos los géneros

La cuestión trans

Divine, Nueva York, 1977. SX 70 Polaroid. Esta fotografía puede verse en el Festival PhotoEspaña 2021, en Madrid, en la Casa Loewe entre el 13 de mayo y el 22 de junio de 2021. Forma parte de una exposición colectiva en honor a Harris Glenn Milstead, icono de la cultura queer más conocido por su nombre artístico, Divine. © The Estate and Archive of Antonio Lopez and Juan Ramos/cortesía del artista y de PhotoEspaña

Que las mujeres pudiéramos experimentar la envidia del pene –o de todo lo que este suponía en términos de poder social– es algo conocido y comprensible, dadas las ventajas y prerrogativas de que han gozado los hombres. Que los hombres pudieran sentir envidia del útero y del embarazo, ha sido un secreto que ha permanecido oculto. Algo de ello sospechamos cuando, hace unos años, preguntábamos a niños y niñas, en las escuelas, qué es lo mejor y qué es lo peor de ser niño y de ser niña. Para nuestra sorpresa, los mismos niños que rechazaban malhumorados los juguetes de niña, nos daban respuestas del tipo: «lo mejor de ser niña es tener pechos, tener bragas, tener bebés…», mientras algunos de sus compañeros invocaban las mismas características femeninas para decir que esto era lo peor de ser una niña. Ambivalencia, por supuesto. Deseo de lo que no nos pertenece, también. Pulsiones complejas, más allá de los géneros, desde luego. Lo que nunca llegamos a sospechar en aquel momento es que, en pocos años, asistiríamos al despliegue del fenómeno «trans», ya sea «transgénero» o «transexo», elija usted lo que más le convenga.

Para leer este artículo completo COMPRA ESTE NÚMERO o SUSCRÍBETE A LA REVISTA