#36 / Julio - Agosto

Editorial

Salvar el futuro

Josep Ramoneda

La civilizada especie humana ha tensado las condiciones ambientales del planeta, y sólo desde la ignorancia voluntaria –es decir, culpable– se puede negar que nuestra propia existencia esté amenazada de extinción. Los signos de advertencia llegan todos los días, pero la movilización de la especie en defensa propia es muy lenta. El ser humano es contingente (nace, crece y muere en un tiempo ridículo) y le cuesta sentirse comprometido por amenazas que se sitúan en un futuro que se resiste a conocer como próximo. Los intereses acumulados son inmensos y adecuar las formas de vida a la propia supervivencia es una tarea revolucionaria, en la medida en que cuestiona demasiados hábitos y posiciones adquiridas.

Ante esta realidad, hay cuatro posiciones: el negacionismo, que es la expresión manifiesta de la irresponsabilidad, pero desgraciadamente es asumido por personajes tan poderosos como Donald Trump, presidente de Estados Unidos; la ingenua esperanza en que las ciencias adelantan que es una barbaridad y que la tecnología encontrará en el momento adecuado las soluciones precisas, al modo del optimismo ideológico de Steven Pinker y compañía, que niegan el desasosiego en el mejor de los mundos posibles; el pesimismo catastrofista, de los apocalípticos que dan la batalla por perdida, y el voluntarismo de aquellos que piensan que la amenaza puede ser una oportunidad y que el ecologismo es la principal apuesta emancipadora –junto con el feminismo– que puede devolver el sentido a la cuestión del progreso, siempre y cuando, por supuesto, se tome conciencia de ello a tiempo.

Hacer del problema, virtud. Esta es la cuestión. Y parece que los jóvenes (que a diferencia de los mayores saben que tienen futuro) son los que mejor han comprendido la necesidad de movilizarse. El Green New Deal simboliza en este momento la apuesta por el futuro: la construcción de un pacto social para salvar la especie. De la realidad del desafío, de los fallidos intentos de los organismos internacionales, de las condiciones del planeta y de la posible articulación de una respuesta eficiente, habla «Ecologismo o barbarie», el dossier central de este número, coordinado por Emilio Santiago Muiño.

Para situarnos en el contexto en que esta crisis existencial de la humanidad va tomando cuerpo es interesante saber «¿Quién gobierna el mundo?», que es la pregunta a la que responde el profesor Massimiliano Guderzo. Como es útil también reflexionar sobre la política que, como cuenta el filósofo Daniel Innerarity, navega «sobre sistemas dinámicos cuya estabilidad es ilusoria» y no siempre es capaz «de trabajar con esas perturbaciones». La tentación autoritaria surge precisamente cuando se le pide a la política lo que no puede dar: soluciones definitivas que siempre son falsas y agravan la situación que pretenden afrontar. Como recordatorio histórico de estos trances el historiador Jesús Casquete evoca la República de Weimar.

Al tiempo que el filósofo Santiago Zabala sitúa el nuevo realismo filosófico en la estela de la llamada general al orden que se visibiliza en la escena pública en la resaca ideológica de la crisis de 2008. Y en este contexto, a través de dos entrevistas, se pone en perspectiva al papel del feminismo, que la filósofa Jacqueline Rose trata en su relación con el psicoanálisis, y de la cultura popular que reivindica el profesor de Ciencia Política, Philippe Corcuff: «Las series no van a crear resistencia ni emancipación pero nos dan un material para pensarlas. Un material más interesante que los discursos de Mélenchon o de Pablo Iglesias». Repensar el progreso para salvar el futuro.