#6 / Julio-Agosto 2014

Jaime Casas

1979: el año que no cesa

Sed de reconstrucción

Revoluciones pasajeras

John Lydon, antiguo vocalista de los Sex Pistols, quien había mostrado una sensibilidad diametralmente opuesta al punk al fundar PIL y expresar sin rubor sus exquisitos gustos musicales, en su apartamento de Notting Hill el 1 de enero de 1979 © Janette Beckman/Redferns

La cultura pop es la mayor factoría de nostalgia de la posmodernidad. Un constante ejercicio de memoria que se empeña en volver a poner en valor el pasado.1 Lo pretérito nos ayuda a dar sentido a una realidad que se mueve demasiado deprisa. Aunque no siempre fue así: el futurismo especulativo que dominó gran parte de la cultura popular del siglo XX murió en el intervalo de años que van de 1978 a 1984; siete años enfocados en el más vigoroso presente. Siete años, también, para construir un futuro reflexivo e imaginativo: en 1977, «Sex Pistols cantaban No Future. Pero sí hay futuro, y estamos intentando construirlo», proclamó en 1978 un airado Allen Ravenstine, teclista de la banda estadounidense Pere Ubu, un combo de rock periférico y feísta con aspiraciones artísticas –su nombre evoca la obra del dramaturgo francés Alfred Jarry– que personifica el viraje ideológico que el punk había tomado tras el estallido nihilista de 1976.

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