#46 / Mayo-Junio 2021

Raúl Rodríguez Ferrándiz

Sobre el rumor 2.0

© Esperança Rabat

Volver al rumor

Hoy día están de moda los términos posverdad y fake news, y su emergencia ha provocado que se desempolvaran otros más añejos, como propaganda y desinformación. Pero hay otro que quizá no ha merecido tanta atención, y es el de rumor. Quizá sea porque parece inocuo, más de andar por casa, o de descansillo de escalera, patio de vecinos o máquina de café en la oficina. Mientras propaganda y desinformación son estrategias que triunfaron en la edad de oro de los medios de comunicación de masas, el rumor es un fenómeno que sólo necesita, idealmente, de tres personas: la urdidora del rumor, la víctima (o beneficiario, si es un rumor elogioso) y aquel que presta oídos al rumor y obra en consecuencia. Los rumores pueden confirmarse o ser falsos, beneficio de la duda que no tienen ni la propaganda ni la desinformación, que ya vienen de serie connotadas como capciosas o mentirosas. Ahora bien, el rumor debe interesarnos especialmente: es verdad que los rumores que resultan verdaderos dejan por ello de serlo, convirtiéndose en noticias o informaciones fidedignas, y luego incluso en Historia recogida en manuales o en libros de texto. Pero también es cierto que los rumores que no llegan a confirmarse nunca, o incluso que resultan abiertamente falsos porque hay informaciones fehacientes que los desmienten, no desaparecen en la nada por ello mismo. Son de una gran longevidad perniciosa, como la de los plásticos en el medio ambiente, y de una gran resiliencia, como la de algunos virus, que se reacomodan a circunstancias cambiantes para seguir ejerciendo su poder infeccioso y se vuelven recidivos, resurgen en ciertos momentos de especial debilidad o confusión.

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