#37 / Septiembre - Octubre

¿Qué es la salud planetaria? Vida en los límites del planeta

Sostenibilidad, devoradores de bienestar y generaciones ignoradas

Humberto Llavador

The Fire (2008), de Jorge Fuembuena (Zaragoza, 1979). Obra ganadora del XII premio de Fotografía Fundación Enaire, en el marco del certamen PhotoEspaña 2019. © Colección Enaire/cortesía de PhotoEspaña

La Curva de Keeling, nombrada en honor a Charles David Keeling, representa la concentración de CO2 en la atmósfera desde 1958, medida diariamente desde el observatorio de Mauna Loa en Hawái. La Scripps Institution of Oceanography de UC San Diego mantiene de manera continua estas observaciones, y las combina con la información contenida en las burbujas de aire capturadas en las muestras de hielo (ice-cores) de la Antártica y otras fuentes paleoclimáticas para obtener una imagen de la evolución histórica de la concentración de CO2. Las Figuras 1 y 2 reproducen los datos de los últimos 10.000 y 800.000 años, a las que hemos añadido algunas referencias para ponerlas en contexto. Lo primero que destaca de estas observaciones es que, con anterioridad a 1800, la concentración de CO2 en la atmósfera no había superado las 300 ppm (partes por millón) en los últimos 8.000 siglos, manteniéndose entre las 260 ppm y 280 ppm durante los últimos 10.000 años, hasta aproximadamente 1850. Experimenta entonces un crecimiento exponencial, superando las 400 ppm en 2013. A día de hoy estamos en torno a las 415 ppm. Existen muchas imágenes que transmiten la urgencia y preocupación del cambio climático. Gráficas como las de la Figura 1 resultan muy efectivas para transmitir la gravedad y la urgencia del cambio climático, manteniendo la rigurosidad científica sin recurrir al dramatismo sensacionalista. Sin embargo, lo que no queda enfatizado en estas gráficas es que el cambio climático es también, e ineludiblemente, un tema ético. En palabras de John

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