#3 / Enero-Febrero 2014

Xosé Carlos Arias

Velocidad y capitalismo

© César Ordóñez, 2013. De la serie Tokyo Blur. Artista de Mondo Galería

Cuando comenzaba el siglo XX, entre una parte de las élites ilustradas se extendió la pasión por la velocidad. Era una consecuencia de la gran revolución tecnológica por entonces en marcha, la del automóvil, que, junto con otros medios de transporte ya bastante desarrollados, como el ferrocarril, favoreció que las distancias se acortaran mágicamente debido a una nueva percepción del tiempo. Sin considerar estos movimientos de fondo es imposible entender algunas de las principales novedades que contribuyeron a revolucionar la cultura en las primeras décadas del siglo pasado. Las vanguardias artísticas, por ejemplo, son en buena parte hijas de aquellas transformaciones, lo que se hace particularmente visible para el caso del futurismo: si la necesidad de captar la aceleración creciente de la vida marca la obra de un Gino Severini o un Giacomo Balla, fue en el Manifiesto de Marinetti donde el culto a la velocidad llegó a ocupar una posición ideológica central. Y que todo ello no dejó de tener consecuencias muy serias para la vida real nos lo recuerda la cercanía a esas ideas de un Benito Mussolini y su vivere pericolosamente.

Para leer este artículo completo COMPRA ESTE NÚMERO o SUSCRÍBETE A LA REVISTA