#11 / Mayo-Junio 2015

Clásicos

Volver al Berghof

Thomas Mann y la Montaña Mágica

Jorge Edwards

Sanatorio alemán en Davos, Suiza, 1921.

No se necesitan pretextos para la lectura, y menos para la relectura. La primera lectura está relacionada con la curiosidad, con el placer del verbo, de su ritmo, de su desarrollo. Uno de sus resortes consiste en no saber hacia dónde se va. El de la relectura consiste casi en lo contrario: saber hacia dónde, pero no recordar exactamente cómo, y descubrir matices, meandros, digresiones, intenciones. Creo que las edades avanzadas son edades de la relectura: nos encontramos con otro libro, pero ese otro libro nos lleva a tiempos nuestros desaparecidos. La recuperación del libro es búsqueda del pasado. Y los pretextos sobran. Me pidieron que inaugurara un seminario sobre novela del siglo XX, y tuve la idea un tanto arbitraria, instantánea, instintiva, de leer de nuevo La montaña mágica de Thomas Mann. El deseo existía, pero se agregó el pretexto. ¿Cómo enfocar un tema tan vasto, tan abierto, tan diverso? Comenzar con La montaña mágica era una decisión tan válida como cualquier otra.

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