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La Maleta de Portbou

Economía fósil e imaginarios neoliberales

Jaime Vindel

#53 /Julio-Agosto 2022

© Esperança Rabat

El origen de la economía fósil se remonta a la primera mitad del siglo xix. Fue entonces cuando el despliegue de la modernidad industrial implicó una serie de transformaciones de gran calado en la organización de las fábricas, que no pueden comprenderse al margen de los cambios en la matriz energética. Externamente, las fábricas se convirtieron en parte de un entramado urbano en expansión, que debía dar respuesta a las necesidades básicas demandadas por la industria y los trabajadores «libres». Fábricas y trabajadores se concentraron en las ciudades como consecuencia de los procesos de expropiación de los comunes rurales, así como de las potencialidades de una nueva fuente de energía primaria, el carbón, cuyo transporte, almacenaje y conversión en trabajo útil era más viable para la clase capitalista. Frente a la intermitencia y el flujo de las energías renovables, cuyo empleo exigía procesos de planificación colectivos y cooperativos, la estabilidad física y el carácter divisible del stock se encontraba en sintonía con una cultura empresarial de signo individualista y competitivo (Malm, 2020). Internamente, la aplicación del carbón y la máquina de vapor implicó un nuevo régimen de trabajo fabril, en el que la explotación intensiva de la mano de obra y la mecanización estandarizada de la producción tomarían el mando (Giedion, 1978). La potencia de lo fósil se inscribió así en los cuerpos de los trabajadores como un nuevo régimen de poder.

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