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Envejecer es necesario para existir

Santiago Zabala

#45 / Marzo-Abril

© Alicia Caboblanco, www. aliciacaboblanco.com

Y es esta vejez la que deja claro que todo hay que reconsiderarlo, reformularlo desde el principio. Por eso se trata el problema tan cuidadosamente en silencio: y por eso hay que romper este silencio.

Simone de Beauvoir, La vejez, 1970

En esta era de innovación disruptiva –donde sólo se valora lo nuevo, rentable y productivo–, envejecer puede convertirse en un remedio para una cultura demasiado preocupada por el futuro. La indiferencia, la irresponsabilidad y la ingenuidad suelen ser el resultado de una falta de memoria, sintomática de innovadores supuestamente disruptivos como Mark Zuckerberg y Vinod Khosla. A pesar de que creen que «los jóvenes son simplemente más inteligentes» porque los «mayores de 45 años básicamente están muertos en cuanto a nuevas ideas», un reciente «estudio riguroso que analizó a 2,7 millones de fundadores de empresas, economistas del MIT, la Oficina del Censo de Estados Unidos y la Northwestern University concluyó que los mejores emprendedores son los de mediana edad». Platón y Kant ya contemplaron cómo el orden de los tipos de conocimiento seguía al de las edades. Platón creía que el liderazgo de la república debía reservarse a los ancianos que podían contemplar el Bien y guiar a los ciudadanos hacia un grado superior de humanidad, y Kant pensaba que se necesitaban al menos sesenta años para formar un filósofo capaz de escribir algo original. Dejando de lado las excepciones –Donald Trump no parece contemplar lo bueno y Michel Foucault murió a los 57 años–, la cuestión hoy es que el envejecimiento todavía se trata como un problema, como ya advirtió Simone de Beauvoir hace medio siglo.


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