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Hegel y Netflix

Alex Taek-Gwang Lee

#46 / Mayo-Junio

Fotograma de la película Planeta prohibido (1956). Digitalt Museum, Tekniska museet, dominio público

Mi jefe no es humano

La pandemia de la covid-19 no implica la crisis del capitalismo sino que agrava los problemas existentes dentro del modo de producción capitalista. La situación precaria de los trabajadores esenciales, con independencia de su condición de vida, ha empeorado. Por el contrario, la acumulación capitalista sin restricciones y la valorización del mercado por encima de todo lo demás es más eficiente y ha exacerbado la desigualdad social. Estas consecuencias contradictorias de la situación pandémica demuestran que la naturaleza del capitalismo no necesita trabajadores para su realización. La pandemia sirve no tanto como final del capitalismo sino como otro momento para sostener su paradoja. De hecho, lo que se está observando actualmente son las experiencias más traumáticas de la reestructuración capitalista. Algunos críticos toman el concepto de la «doctrina del shock» para explicar cómo el capitalismo sobrevive a través del desastroso proceso. La teoría de la doctrina del shock de Naomi Klein, su crítica de la Escuela de Chicago, se basa en el supuesto de que «el costo humano de la terapia de shock» está diseñado tácticamente para controlar a la clase trabajadora (La doctrina del shock, Paidós, 2007). El fundamento de la doctrina del shock es, sin duda, el ámbito psíquico del ser humano y, en su esencia, requiere de las relaciones sociales de producción. Sin embargo, la prevalencia actual del capitalismo del desastre parece llegar a su culminación al borrar la presencia de la clase trabajadora. No significa la destitución de los trabajadores, sino la modificación del trabajo como tal.


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