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Los Balcanes después de la guerra

#39 / Enero-Febrero

David Alegre Lorenz

«Los resultados de la profunda reconfiguración sufrida por las sociedades y territorios de la antigua Yugoslavia socialista quedan bien ilustrados y sintetizados en una pintada de la turística ciudad croata de Pula, en la península de Istria, que fue fotografiada en 2014 y que dice así: “Nos iba mejor cuando estábamos peor”.» Recuperada de un tuit de Miguel Roan (@miguelroan1), foto de R. Archer, en Pula, Croacia (2014)

La posguerra fría, Yugoslavia y sus Estados sucesores, 1989-2019

En 1875, diez años después de experimentar la guerra civil estadounidense como enfermero del ejército de la Unión, el poeta y ensayista Walt Whitman afirmó que la guerra real nunca llegaría a los libros. Unos 150 años después, historiadores, politólogos, docentes, periodistas, cineastas o literatos seguimos intentándolo con más o menos éxito, cada gremio con instrumentos y enfoques distintos, cada profesional con sensibilidades y puntos de vista diferentes. Y lo cierto es que una y otra vez constatamos los riesgos inherentes al análisis de conflictos bélicos a menudo distantes y complejos, sobre todo cuando lo hacemos desde la comodidad de nuestros escritorios y hoteles. Tanto peor resulta este ejercicio cuando sólo estamos ligeramente familiarizados con las particularidades políticas, ecológicas, culturales, económicas y sociales de las sociedades y lugares en los que tienen lugar las guerras, no digamos ya si somos ajenos a los múltiples intereses personales, locales, regionales e internacionales que por fuerza confluyen en ellas. Entender la guerra requiere un ejercicio de autocrítica constante y un esfuerzo ingente en materia de estudio, porque en cualquier conflicto armado se superponen y entrecruzan multitud de imágenes, una cantidad ingente de relatos legitimadores, condenatorios y exculpatorios generados por sus actores y observadores (todos lo somos, cada uno a nuestro modo), y también por supuesto los propios prejuicios de cada uno de ellos. En este sentido, conviene insistir en lo imprudente y temerario que resulta sentenciar o pontificar a la ligera sobre la guerra, porque se hace demasiado a menudo en tertulias televisivas y radiofónicas, en columnas de opinión, en blogs y foros de internet, en ensayos supuestamente científicos, en productos culturales de todo tipo. No suele dar buenos frutos guiarse por primeras impresiones, siguiendo así una suerte de sentir general y estableciendo relatos estereotipados y condescendientes sobre las causas y motivaciones que hacen posibles y mantienen vivos los enfrentamientos armados, menos aún cuando lo que pretendemos es entender y explicar la realidad de las cosas. Esa es precisamente la crítica que hacía Peter Handke, último premio Nobel, contra el tratamiento a veces interesado y otras veces ingenuo que se hizo de las guerras yugoslavas de los años noventa, y justamente por ello fue crucificado a nivel público en aquel entonces.

Puedes consultar el sumario aquí: #39 / Enero-Febrero

Los Balcanes después de la guerra, David Alegre Lorenz


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