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Memoria de imágenes del tabaco cubano

#36/ JULIO-AGOSTO 2019

Ana Basualdo

Flavita Banana©, www.flavitabanana.com

 

El tabaco busca el arte; el azúcar lo evita.

Fernando Ortiz,

Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar

La «fiesta innombrable» que es «nacer en Cuba» (Lezama Lima) empezó a ser percibida y desentrañada, con toda su potencia y sus sombras, por Fernando Ortiz (1881-1969) en sus estudios de musicólogo y etnólogo, y expresada en el Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940), obra maestra del ensayo literario latinoamericano. Su autor dijo que, en realidad, el libro era un «juguete». Así se lo presentó, al mandárselo por correo al antropólogo estadounidense Melville Herskovits: «Es un juguete que sirve para explicar a nuestra gente varios fenómenos sociales de este país». Un ensayo que rehúye la exposición académica para ser más eficaz en su función pedagógica. Un objeto verbal atractivo que «sirviera a su gente» –en la Cuba de la primera mitad del siglo XX– a comprender la singularidad de su historia, las claves económicas de su desarrollo social, la barbarie esclavista que propiciaría la «fiesta» de la exuberancia racial. Esa mezcla sexual «desenfrenada» que tanto había atemorizado a la sociedad blanca, y que los diseñadores y dibujantes de marquillas de tabaco habían representado con ingenio satírico (y proveyéndose las fábricas de tecnología y del papel adecuado), podía empezar a apreciarse –a través del ritmo contrapuntístico del texto– como propio de lo cubano. Como parte de la unidad orgánica que, para Ortiz (y para la escuela antropológica de Malinowky, que prologó su libro), constituía la cultura de cualquier sociedad, y sólo es posible conocer esa unidad si sabemos cómo sus partes se relacionan con el todo. La figura musical del contrapunto es el recurso retórico que le «sirve» (al Ortiz antropólogo, etnólogo, musicólogo, historiador) para transformar la masa documental en una forma expresiva que muestre, enseñe, cómo funcionan las partes de Cuba en su «unidad orgánica». Todo el saber sobre Cuba es así difundido, movilizado. Una máquina para desentrañar y procesar los componentes de la mezcla generadora de la identidad cubana: la «fiesta innombrable». Una maniobra vanguardista para contar la historia rara de la Cuba colonial y la poscolonial, determinada por compañías extranjeras. «Ortiz instrumentaliza los elementos rupturistas que la vanguardia le ofrece, desde la misma transpolación de componentes musicales como lo es el contrapunto al interior del discurso, así también como su tono humorístico, su automatismo en los contrastes y su distintivo juego de palabras para realzar la función didáctica del texto. Así los ornamentos vanguardistas recubren el ensayo delantero, otorgándole ese carácter lúdico que posibilita la instalación de un “juguete” en el centro mismo del debate nacionalista, para de alguna manera democratizar los conocimientos acerca de los fenómenos sociales», escribió Matías Di Benedetto.


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