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La Maleta de Portbou

Vida y prisión

Catherine Malabou

Dossier «Filosofías de la pandemia. Regreso a la condición humana»

#44 / Enero-Febrero

© Arnal Ballester, www.arnalballester.com

La prisión del lenguaje

En su «Lección inaugural» (El placer del texto, Siglo XXI, 1982) para la inauguración de la Cátedra de Semiología en el Collège de France en París (1977), Roland Barthes hizo una declaración muy extraña y sorprendente: «El lenguaje es fascista». Su explicación:

El lenguaje es una legislación, la lengua es su código. No vemos el poder que hay en la lengua porque olvidamos que toda lengua es una clasificación, y que toda clasificación es opresiva […]. Como Jakobson ha demostrado, un idioma se define menos por lo que permite decir que por lo que obliga a decir. En nuestra lengua francesa (y se trata de ejemplos toscos) estoy obligado a ponerme primero como sujeto antes de enunciar la acción que, a partir de ello, no será sino mi atributo: lo que hago no es más que la consecuencia y la consecución de lo que soy; de la misma manera, estoy desde siempre obligado a elegir entre el masculino y el femenino, y me están prohibidos lo neutro o lo complejo […]. Así, por su estructura misma, la lengua implica una fatal relación de alienación. Hablar y, con más razón discurrir, no es, como tanto se dice, comunicar sino sujetar: toda la lengua es un régimen [rection], está regida de forma generalizada. […] Pero la lengua, como actuación de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresiva; es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir.


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